Conceptos básicos para optimizar la respuesta inmune frente al SARS-CoV2

Es importante enfatizar que aún se están dilucidando los mecanismos más importantes de la respuesta inmunológica del organismo frente al virus de la pandemia COVID-19. Sin embargo como sucede en todas las enfermedades infecciosas hay dos brazos de dicha respuesta que siempre están presentes en los diferentes estadíos de la enfermedad. Una primera reacción del organismo es cuando moviliza la inmunidad innata o natural con células y substancias (como los interferones) que intentan neutralizar en un primer momento la expansión del virus. Rápidamente se pasa la información entre los linfocitos de dicha inmunidad (Th1) para que otros linfocitos T y B intervengan en la respuesta primaria fabricando anticuerpos, inmunoglobulina M, y finalmente la inmunoglobulina G que aparece posteriormente y es la señal de inmunidad y capacidad de neutralización. Lo importante para destacar es que en la inmunidad contra virus es central la actividad de la células del sistema inmune, los linfocitos T (dentro de los glóbulos blancos), quienes colaboran en la síntesis de los anticuerpos específicos, tienen una función citotóxica (destrucción de células infectadas) y mantienen la memoria del sistema para que después pueda volver a reaccionar y defenderse si se diera un nuevo contacto. Por este motivo, teniendo en cuenta la variada información y lo difícil de la predicción en relación a los conocimientos dinámicos que se van sucediendo y aún no se constituyen en evidencias sólidas, por ejemplo en torno a cómo se desarrolla, el grado de neutralización, y cuánto se mantiene la inmunidad en un sujeto expuesto, paso a realizar algunas consideraciones. Muchas personas con COVID-19 leve o asintomático demuestran la llamada inmunidad mediada por células T al nuevo coronavirus, incluso si no han dado positivo en la prueba de anticuerpos, por eso hay que insistir en tratar de optimizar la base de esta respuesta previamente para que la persona tenga un sistema de defensas bien organizado.

1. Estilo de vida saludable. Es fundamental la alimentación adecuada, con muchos polifenoles de frutas y verduras, bajo consumo de harinas e hidratos refinados, y balance proteico y de ácidos grasos esenciales. La actividad física regulada y el descanso son también muy importantes.
2. Algunos suplementos de la dieta, como los Omega 3, ejercen propiedades inmunorregulatorias por su capacidad antiinflamatoria natural.
3. Oligonutrientes: como el zinc, el selenio, vitaminas: como la vitamina C y la vitamina D3, tienen acciones reconocidas en el contexto de potenciar al sistema inmune a nivel celular y en el caso de la vitamina D especialmente la inmunidad innata.
4. Suplementos fitoterápicos reconocidos: Echinácea, Astrágalo, Uncaria, Viscum (derivado del muérdago) y derivados de hongos: Shiitake, Reishi, tienen un lugar importante para la inmunidad celular.
5. Las levaduras (Saccharomyces) y especialmente los PROBIÓTICOS (Lactobacillus y Bifidobacterias) junto con Prebióticos intervienen activamente en la inmunidad general y especialmente en la inmunidad de mucosas.
6. Proteínas en forma de lisados o péptidos son seleccionados como peptonas que derivan del Timo, órgano regulador de la inmunidad celular, para estimular en forma natural a los glóbulos blancos.
7. Los lisados bacterianos, o fragmentos de paredes bacterianas inactivas, se utilizan muy eficazmente como tratamientos para estimular la inmunidad adaptativa frente a las infecciones, preparando al sistema inmunepara que responda con potencia ante un estímulo.
8. Terapeúticas complementarias como la Ozonoterapia, se han utilizado y se siguen aplicando actualmente por su gran poder antioxidante, antiinfeccioso, e inmunomodulador.

Cada propuesta será acorde a lo que la persona requiere para su perfil inmunológico, según la edad, la presencia de otras patologías (metabólicas, endocrinas, etc.), y el tiempo para la prevención. Además tengamos en cuenta que todo esto no se puede escindir de una armonización con lo psico-espiritual. La interconexión de todas las áreas es clave en la respuesta final del sistema inmune, el equilibrio de toda esta energía genera una base sustentable.

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